llámame Britney

anxiety of partnership Eso es todo lo que somos

Privatizar según Franzen

No cometer errores.
Calma.
Esperanza, LuisaFer, Mariano: no cometer errores.

Lo dijo Brodsky: el pescado fresco siempre huele; el congelado sólo huele a descongelado. De modo que después de la gran descongelación, cuando todos los pececitos salieron del congelador, nos apasionamos por esto y por aquello. Yo intervine en el asunto. Intervine mucho. Pero la economía estaba mal llevada. Me lo pasaba bien en Nueva York, pero al volver a casa todo era depresión, por todas partes. Luego, cuando ya era tarde, en 1995, enganchamos el litas al dólar y nos pusimos a privatizar, pero con demasiadas prisas. No fue decisión mía, pero quizá yo habría hecho lo mismo. El Banco Mundial tenía el dinero que necesitábamos, y el Banco Mundial nos decía: hay que privatizar. Y nosotros, vale, de acuerdo. Vendimos el puerto. Vendimos las líneas aéreas, la red telefónica. Por lo general, el mayor postor era norteamericano, o europeo occidental, otras veces. Era algo que no tenía por qué haber ocurrido, pero ocurrió. En Vilnius no había nadie con dinero contante y sonante. Y la compañía telefónica dijo vale, vamos a tener unos propietarios extranjeros con los bolsillos forrados, pero el puerto y las líneas aéreas tienen que seguir siendo lituanas al cien por cien. Y el puerto y las líneas aéreas pensaban lo mismo. Pero vale, sucedió. El capital acudía, se veían mejores cortes de carne en las carnicerías, había menos caídas del suministro eléctrico. Incluso hacía mejor tiempo. En su mayor parte, las divisas se las llevaron los delincuentes, pero así es la realidad postsoviética. Tras la descongelación viene la podredumbre.. Brodsky no vivió para verlo. De modo que bueno, vale, pero es que entonces empezaron a hundirse todas las economías del mundo, Tailandia, Brasil, Corea, y eso sí que fue un problema, porque todo el capital volvió corriendo a Estados Unidos. Descubrimos, por ejemplo, que un sesenta y cuatro por ciento de nuestras líneas aéreas nacionales pertenecía al Quad Cities Fund.
Jonathan Franzen. Las correcciones


De nuevo: no cometer errores.

Leer en España puede no ser morir

Como está tan muerto este blog, quiero recomendar unos libros, por si tardo mucho en volver. Cincos libros en tres tandas. Me guardo otros para otra vez.

Aviso antes:
Temo, a veces, caer en cierta ortodoxia en cuanto a mis gustos narrativos. Nunca he sido patriótico. Nacionalista mucho menos. Sin embargo, cuando estuve viviendo en Austria me di cuenta de algo importante: nuestro ser es muy distinto al del resto. Pues vaya obviedad. A veces nos creemos europeos (no sé qué ínfulas, no sé qué es esto), o nos sentimos más inclinados a sensibilidades geográfica y culturalmente ajenas a nuestro origen. Resulta que, cuando estás inmerso en otras tradiciones, te das cuenta de que son los pequeños detalles, que de tan adquiridos se te pasan por alto, los que hacen de la tuya (la educación sentimental que tu tradición cultural te ha enseñado) una forma muy distinta de enfrentarte al mundo. Existen unos nexos comunes entre unas y otras culturas (el amor, la muerte, el desarrollo) que atacamos desde muy diversas perspectivas, con ánimos y capacidades, a veces, hasta opuestas.
No son estas recomendaciones, sin embargo, una causa nacional, ni un sentir patriótico, pero sí mi gusto y mi defensa de nuestra tradición, esa que nosotros, tan jóvenes y tan por encima de todo -entono que es también mía la culpa aquí-, mirando tan lejos y tan fuera, olvidamos.
Libros más o menos recientes que recogen en sí, para mi gusto, el buen hacer del s.XX, desde el XXI, en España.

VERDES VALLES, COLINAS ROJAS (trilogía) de Ramiro Pinilla




CREMATORIO de Rafael Chirbes



EL ABRECARTAS de Vicente Molina Foix



Deseo que los lean y disfruten tanto como lo hice yo.

El frío

Y cuántos kilómetros quedan para haber vuelto. Con cara de muerta. Tendré que colocar rachas de melena entre los ojos y mi madre. Llegar y esconderme, el conejo metido en el hoyo; aquí, al atravesar el páramo, mordiéndome el carrillo por dentro, raspándome los labios para no estallar entre desconocidos.
Más profundo, de puertas afuera, una mirada cubierta con ese velo que tienen los que están a punto de morir, desvaída. Nadie sabe que todo se rompió, hay que concentrar la angustia hacia adentro, no justificarme ante ninguno. No soy débil.
Ruda, llegaré y observaré a más desconocidos, los de casa: se me hacen tan hostiles las caricias. No consiento a estos enemigos cargados de razón desde hace años; te lo he dicho muchas veces, pero me has abandonado entre los que me aman. Sin tener que mover un dedo, me aman. Entre ellos, no reconoceré mi lista de pasos en falso. Ante ti, la culpa. Yo hice todo, lo humillante, lo sublime, me convencía.
Pasos en falso, uno tras otro. Se siente que es imposible caer de nuevo delante de tanto público. Ni del primer tropezón te levantas.
Nada existe al perder a esas figuras que se hacen con el barro propio. Difícil volver a cimentar con otro cuerpo la idea buena que uno tiene de la vida. Queda lo que se da por añadidura. Los que me aman sin mi consentimiento. Igual que yo te he querido. Sin que te esforzaras, por eso has musculado tu intención en otro frente. Derrumbándome los muros que protegen de lo ajeno. Vuelvo a estar desnuda por tus actos.
[...]
Me encerraré en la habitación. Que nadie descorra mi cerrojo. Me taparé la cabeza con las sábanas, gritando contra el colchón, haré humedades y charcos con el sudor del miedo. Me has enseñado bien: aguantaré sola la pena que me doy.

Marta Sanz. El frío

Reivindico siempre, de forma incansable, a Marta Sanz. Es una de las voces narrativas con más potencia comunicativa, técnica, registros y calidad de nuestro país. Siempre anda hacia adelante, siempre da pasos en firme. Caballo de Troya ha reeditado El frío, su primera novela, a la par que Anagrama (esperemos verla asentada ahí, pues es repite publicación con ellos) ha sacado Un buen detective no se casa jamás. Esperemos que este doble lanzamiento simultáneo sirva para la reedición de sus segunda y tercera novelas: Las lenguas muertas y Los mejores tiempos. De momento mis favoritas (Animales domésticos, La lección de Anatomía y Susana y los viejos) son todavía localizables.
Lean, por favor, y disfruten.

Acepto

PART A.




PART B.

La elección no es nunca amplia y nunca libre.

Elizabeth Bishop


PART C.

El ojo más azul

Como si lo hubiésemos mantenido en secreto, no hubo caléndulas en el otoño de 1941. Pensamos, por entonces, que que no creciesen se debía a que Pecola iba a dar a luz a un hijo de su padre. Una pequeña inspección y mucha menos melancolía nos habrían demostrado que nuestras semillas no fueron las únicas en no germinar; las de nadie lo hicieron. Ni siquiera los jardines frente al lago mostraron caléndulas aquel año, pero tan preocupadas estábamos por la salud y la entrega segura del hijo de Pecola, que no podíamos pensar en nada que no fuese nuestra propia magia: si plantábamos las semillas y pronunciábamos sobre ellas las palabras adecuadas, florecerían y todo iría bien.
Pasó mucho tiempo antes de que mi hermana y yo nos reconociésemos que no había hierba que fuese a crecer de las semillas. Una vez lo supimos, la culpa solo se reveló a través de peleas y acusaciones mutuas sobre quién tenía esa culpa. Durante años pensé que mi hermana tenía razón: que había sido mía. Había plantado las semillas con demasiada profundidad en la tierra. Nunca nos había ocurrido a ninguna de las dos que la tierra pudiese ser, por sí misma, inflexible. Había plantado nuestras semillas en el pequeño terreno negro que era de nuestra propiedad. Nuestra inocencia y fe nunca fueron más productivas que el deseo de él, o que su desprecio. Lo que está claro ahora es que de toda aquella esperanza nuestra, de aquel miedo, aquel deseo, aquel amor y aquella pena, nada perdura excepto Pecola y la tierra inflexible. Cholly Breedlove está muerta, igual que nuestra inocencia. Las semillas se marchitaron y murieron; su bebé también.
No hay nada más que contar, excepto el por qué. Pero ya que el por qué es tan difícil de asimilar, uno debe buscar refugio en el cómo.

Toni Morrison. The bluest eye

No comprendo que existan libros de una potencia lírica tan arrolladora, con un argumento tan desolador, que no estén traducidos a nuestro idioma. Quizá, como puede ocurrir en la traducción que he dejado aquí arriba, la maestría narrativa quede mermada al trasladarse al nuestro si se compara con el idioma original. Que no exista, al menos, el intento y el riesgo me apena. Señores editores de este país: contraten la traducción y editen The bluest eye, de esta premio Nobel.

Ofrezco: Yo me embarco en la empresa, de forma gratuita y altruista, si no encuentran a nadie mejor.

Borradores vocales



Como imagen, no sé por qué, aparece el poemario en Faber & Faber de Annie Katchinska. Es una señal. Es alegría pura. Un día os contaré por qué.

Estamos trabajando en ello

"La gramática, como norma colectiva en poesía, carece de razón de ser. Cada poeta forja su gramática personal e intransferible, su sintaxis, su ortografía, su analogía, su prosodia, su semántica. Le basta no salir de los fueros básicos del idioma. El poeta puede hasta cambiar, en cierto modo, la estructura literal y fonética de una misma palabra según los casos."
César Vallejo, El arte y la revolución


He de decir, relegando la estupidez y la prepotencia a la inexistencia absoluta, que a veces al escribir me siento como aquel verso de Vázquez-Montalbán: hijos / de la ira sin padres suficientes. Disculpen mi ausencia de aquí: trabajo, responsabilidades y decisiones que, para mí, suponen mucho importancia. Muchas decisiones. Mucho trabajo.

Cito a Don Jose María, simbolista fecal: estamos trabajando en ello.

Human Nature

Mi foto
Soy Alberto y soy muy humano, yo quiero a todo el mundo. Como Nati.