Esta esperanza yo no la he buscado. Roberto Bolaño

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Aquiles-mi-entereza



ELEGÍA DESDE EL SILENCIO QUE QUEDA EN EL CAMPO DE BATALLA UNA VEZ TROYA-MI-CORAZÓN QUEDA DEVASTADA.

Berta García Faet. Indroducción a todo

Demasiadas tormentas

A menudo, mientras me hago la dormida, escucho a mi padre
en la habitación de al lado, hojeando sus libros, como dándose importancia.

A veces murmulla -
una canción del verano en el que, según él, habría colgado mil carillones
en las alturas, en oscuros lugares que mis ojos nunca podrían alcanzar -
que no ha sido él mismo.
Dice que hay demasiadas tormentas en esta isla,
pero no las suficientes en cualquier otro lugar. No explicará esa palabra;
insiste en que aprenda a jugar al ajedrez, y entonces me reprocha
que agarro el rey con demasiada fuerza,
y tira los peones. Recojo el marfil apabullado.
Ahora pasea entre los árboles, dándole patadas al follaje;
ahora, se ve obligado a llevar togas
de terciopelo abrasador, remolinos de azul. Se arrodilla en la orilla del mar,
sus manos ensayando conchas vivas,
medio llorando sobre las olas a cuerda,
prometiendo libertad al aire.

Leo sus libros en secreto,
hojeo las notas a pie garabateadas con lápiz
con que me mantiene despierta. En ellas,
los niños tienen alas, a los monstruos los conquistan
otros monstruos, los hombres como mi padre
alinean sus muñecas con las estrellas y en cualquier lugar

la física es violenta,
y da la sensación de que el tiempo se acaba,
y hablan de barcos astillados.



Alguna vez ya lo he dicho: Annie Katchinska, de quien es este poema que he traducido con poco acierto, me parece la mejor poeta europea joven. A la altura de Uljana Wolf o (suerte que tenemos, aunque muchos no lo crean e incluso la denosten) Elena Medel. Suelo leerlas más a ellas, por defecto. Suelo encontrar más aciertos (o más revelación) en las voces de mujeres que en las de hombres. Será una cuestión de planteamiento de vida.
Recomiendo a Berta García Faet, de nuevo. Si alguien puede darnos grandes sorpresas, es ella. Y si no, mientras la leéis, dadle tiempo al tiempo.

Introducirse a todo


Ahora dime, pequeña Helena de vainilla,
inmigrante ilegal,
sufrida inmigrante ilegal sin identidad -sólo fuerza-
sufrida inmigrante ilegal que, para integrarse
en la sociedad de las secretarias respetables y estudiosas
del máster más humilde es Estados Unidos
(por las noches
cuando no hay amantes que exprimir ni fruta fresca)
vestía trajes
grises con camisas plenamente rosas
(llorabas: cómo llorabas por el desarraigo, cómo yo lloraba,
cómo hilabas la novela con la boca!);

pequeña Helena, sin padre, con acento todavía,
a estas alturas del exilio, a estas alturas, Helena,
con la madre loca y los hermanos lejanos
en alguna miserable isla del Caribe, pobre y visceral
como las ratas,
sufrida Helena devastadora en la batalla
con los hombres en las camas (turcos, rusos, italianos);
ahora dime,
pequeña Helena mística y brutal,
que todo lo cazabas moviendo rítmicamente el dedo índice,
sufrida Helena pequeña huérfana marginada y bulímica,
la única, la verdadera,
la más querida,
dime

¿dónde y a qué temperatura exactamente
olvidamos que nos habíamos encontrado,
y menospreciamos el milagro, permitiéndole desdibujarse?


El jueves pasado me llegó, entre otros, Introducción a todo de Berta García Faet. Nunca la había leído, pero me alegra saber que pronto habrá más. Es un libro poliédrico y se retroalimenta continuamente. Unos poemas hacen crecer a otros. Todos crecen en quien los lee por sí mismos.

Llevo desde la primera lectura volviendo sobre el poema (o conjunto, dividido en cinco -aquí arriba la parte III-) que se titula ELEGÍA DESDE EL SILENCIO QUE QUEDA EN EL CAMPO DE BATALLA UNA VEZ TROYA-MI-CORAZÓN QUEDA DEVASTADA. El ritmo veloz, el vértigo que me produce al leerlo, y la ternura del postadolescente que recuerda... Me tiene casi obsesionado, necesitado de volver sobre la misma emoción.

Sin burla.


Me gusta la literatura.

Human Nature

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Soy Alberto y soy muy humano, yo quiero a todo el mundo. Como Nati.